M de Maneras

Pintá mándalas, elegí un color y déjate fluir. Eso me dijo alguien alguna vez, y otro día otro alguien se refirió a lo mismo. Entonces un tercer día, frente a un papel blanco y con lápices de colores en la mano, me introduje en el tema, y me dejé llevar al mundo de los mándalas. Pero no me salió. Bueno, los mándalas si, pero no calmó la procesión que yo vivía interiormente. Supongo que cada uno debe encontrar la manera de canalizar sus procesos, de masticarlos, de observarlos y reverlos hasta amigarse con ellos. Una manera que realmente le funcione. Porque hay muchas, algunos hacen terapia, otros salen a correr, hay quienes cantan, otros pintan mándalas, y así infinitas alternativas mas… Yo encontré la mía sin querer. Tan sin querer, que en el momento no me di cuenta.

Había llegado a Neuquén a pasar unos días. Iba a trabajar un mes. En el Hotel de calle Antártida Argentina se brindaba una charla taller de Café Cabrales. Además de conocer algo mas acerca del café, escuchar las formas de preparar un-buen-café-expresso, me fui de ese lugar con una bolsa llena de café, chocolatines y un cuadernito de hojas blancas. Amo los cuadernitos. Los apilo por algún lugar de mis cajones. Hasta que llega su momento y se tornan protagonistas.

Tengo registro de que lo incorporé ese año. No el año que fui a Neuquén, sino al año siguiente de ese. Fue la manera que encontré para ordenar el barullo de ideas, pensamientos, hipótesis, conclusiones y muchas palabras que fluían a borbotones por mi cabeza cada día. Ese año, 2006, sin querer me había autoimpuesto varias cosas para hacer. Muchas, evidentemente. Al menos para mí, al menos en ese momento. Un día me desperté con el cuerpo que me pedía frenar. Reposo, recaída, cama. Y fue el comienzo. Todo fue cayendo lentamente. Tenia que soltar algunas cosas, y otras que quería mantener conmigo se me escaparon entre los dedos. Siempre que recuerdo esto, me digo que podría haber actuado de manera diferente. Haber luchado un poco mas por sostener, o buscar la manera de que eso que no quería que se escape, se quede en mi vida. Pero no pude. Creo que no tenia fuerza.

Ahí estaba pues, viendo como se desmoronaban unas cuantas cosas. Y el dolor dentro mío. ¿Qué se hace con el querer que no se deja de sentir? y qué se hace cuando te das cuenta de que lo que te habías propuesto hacer, sencillamente no sale. Porque todo junto, a veces, no sale.

Fue entonces que tomé ese cuadernito, de hojas blancas, sin renglones, y lo comencé a llenar de palabras. Iba con él a todos lados, siempre en mi bolso. Y cuando necesitaba, escribía. Fue una manera de ordenar el cambalache que tenia dentro de mi cabeza. Ideas, cosas que no entendía, sentimientos, miedos, incógnitas, frustraciones, ideas, relatos de cómo fueron algunos hechos y cómo me sentí yo. Poco a poco, me parece que fui sanando. O al menos, calmando los gritos dentro mío. Tomando confianza en que todo iba a ir bien. Que todo dolor pasa, que la tristeza también se va. Solo hay que vivir ese proceso. No escaparle, vivirlo y luego seguir adelante.

Ese año escribí mucho. Y después, con el tiempo, con los días, me sentí genial. Y cada tanto, busco el cuadernito y releo. Hay cosas que se volvieron a  repetir. Cuando estoy medio mal, me machaco sola, y me parece que no aprendí nada y tropiezo con los mismos muebles, que me dejan los mismos moretones. Pero hay días que soy mas positiva, y logro ver que no son los mismos muebles, tienen apenitas otros matices, los bordes un poco redondeados. Y eso esta bien.

Desde entonces, siguieron varios cuadernitos mas. Varios mas. Un registro de lo que me pasa, de mis miedos, mis dudas, mis maneras de afrontar una situación. Momentos lindos y momentos tristes, de todo un poco. Cada tanto, vuelvo sobre ellos. Me gusta. Porque uno a veces se olvida. Bueno, al menos a mi me pasa. Me olvido de conclusiones viejas a las que arribé alguna vez después de un proceso. O se me escapa la idea con la que encaré un proyecto, que después se desvirtuó…

Ahora no puedo evitarlo. Cada vez que me pasa algo, o no sé si dar tal o cuál paso, necesito escribir. Necesito ordenarme. Y escribiendo es la manera que encontré para darme ese espacio.

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