Veo veo – Montañas

Saliendo de Tafí

Foto: Yamil Ch.

La primera vez que recorrí esos caminos, me sorprendió la belleza del paisaje, su gente, los aromas ¡era tan distinto a mi ciudad! También me iba a sorprender confirmar que las historias que me contaron de chica, y de las cuales siempre pensé que tenían algo de cierto y otro tanto de mito, además tenían gran porcentaje de verdad. Por supuesto, de esto me daría cuenta mas adelante. 

Crecí en una ciudad al lado del mar, mirando el horizonte infinito. Algunos días nublados, cuando era mas chica, observaba esa línea donde parece que los barquitos se caen del mundo, y desenfocando la vista sobre las siluetas que dibujaban las nubes en el horizonte, procuraba imaginar cómo serian esos paisajes con montañas sobre los cuales alguna vez había oído hablar.

Esa mañana de abril, desarmamos la carpa, nos calzamos nuestras mochilas y salimos caminando a la ruta. Éramos tres y era la primera vez en ese viaje que hacíamos dedo. Estuvimos un buen tiempo al costado del camino, inventando juegos, disfrutando del fuerte sol de Tafí del Valle. Afortunadamente no fue tanta la espera. Nuestro anfitrión era Jorge, un camionero que ya ni recuerdo qué transportaba, pero que no titubeó en frenar e invitarnos a subir nuestras mochilas y hacernos un lugar en la cabina. Arriba de su camión comenzamos nuestro recorrido ascendente hacia los Valles Calchaquíes. 

Una de las cosas lindas que tiene hacer dedo, y que tal vez se pierde un poco al viajar en micro, es la forma en que podes disfrutar del paisaje. Obvio, hay veces que se puede, y otras que no. Jorge tenia muy buena onda, se maravillaba un poco de nuestro asombro al ver aparecer a los costados del camino las montañas decoradas con infinidad de cardones, un paisaje naturalmente cotidiano para él y tan nuevo para nuestras miradas. Hasta hizo una parada en el abra “El Infiernillo”, porque teníamos-que-conocer-el-punto-mas-alto-del-camino. Allí estábamos pues, a 3042 metros sobre el nivel del mar, con el sol que se iba perdiendo poco a poco y el frío que se hacia sentir a cada momento un poquito mas. Ese ventoso lugar, marca la división entre el Valle de Tafí y el de Yokavil, de un lado Tafí del Valle, del otro Amaicha del Valle. Además – este dato lo conocería después – marca la entrada al Parque Provincial Cumbres Calchaquíes, el cual hacia el norte incluye montañas de hasta 4.800 metros de altura. Era la primera vez de los tres en el noroeste argentino. Y el camino rodeado de montañas recién empezaba.

Foto: Yamil Ch.

Foto: Yamil Ch.

Mi papá es una persona que le encanta contar historias. Desde que soy chica que lo escucho relatar infinidad de anécdotas de las aventuras de su infancia y de su juventud. En cada historieta, él es el actor principal, quien protagoniza escenas entre juguetes de madera, caídas alucinantes y travesuras en las que sale vivo de milagro. Lo que siempre me provocaba asombro y desconcierto no eran únicamente los relatos, sino la descripción que hacia de los paisajes que eran escenario de esas desventuras. Mi papá nació en San Salvador de Jujuy y se crió en medio del paisaje puneño. En mi infancia no había Internet y el acceso a los paisajes si no tenias la posibilidad de viajar, era a través de fotos (escasas en mi caso, mas aún en lo que refiere a la infancia de mi padre). Y recuerdo que yo no podía terminar de creer que fuera cierto eso que él contaba, que las montañas de Jujuy eran de muchos colores. Para mi era otra de sus tantas maneras de matizar y darle algo de mágico a la forma de contar sus recuerdos. En esos momentos me sentía como el hijo de Will Bloom, en el Gran Pez, que de tantas historias que escuchó en palabras de su padre, no sabía distinguir entre cuáles eran ciertas y cuáles enmarañados rellenos para darle color a sus vivencias.

Nuestro viaje continuó, y en el camino conocimos Cafayate, caminamos por Salta y luego llegamos a Villa Jardín de Reyes, en las afueras de San Salvador. Nuestra anfitriona fue Olga, un amiga de mi padre que había sido su vecina mientras el vivió en Jujuy. Una de las mañanas, sentadas con Olga en su patio, de espaldas al nevado del Chañi, entre medio de mates y sin que yo se lo preguntara, comenzó a contarme las mismas historias que yo había escuchado de la boca de me papá… O se habían puesto de acuerdo en contar la misma versión de los hechos o mi viejo no había inventado todo eso que nos había contado acerca de su niñez. Esa fue la primer refutación a mis dudas sobre los relatos de mi padre.

Foto: Yamil Ch.

Foto: Yamil Ch.


La otra llegaría con hechos. Al arribar a Purmamarca, sabíamos que allí estaba el cerro Siete Colores. Pero yo no sabía bien de qué se trataba hasta que lo vi. ¡De veras eran muchos colores! De hecho al ingresar a la quebrada ya las montañas parecían haberse teñido cada cual a su antojo. Perdiéndome en los caminitos de los pueblos de la quebrada, de a ratos me frenaba, miraba alrededor y no dejaba de asombrarme: las montañas eran de colores varios, sencillamente increíble. En fin, eso de los colores era cierto nomas…

Foto: Yamil Ch.

Foto: Yamil Ch.

Uno no elije qué paisajes guardar en la memoria. Algunas veces, por más esfuerzo que uno haga por retener la foto en la retina, se nos pierden con el devenir de los días. Otros, y más cuando están condimentados con un recuerdo tan sentido, se quedan  para siempre. La sensación que experimentamos la primera vez que descubrimos esos lugares se queda con nosotros. Algo de eso me pasó esa vuelta. Me asombré del hermoso paisaje quebradeño, sus montañas, sus colores. Pero también me asombré de saber que mi papá no era un simple contador de cuentos fantásticos. Era la forma que él tenia de compartirnos sus recuerdos, una manera de no olvidaros. Seguramente haya mucho de agregado en sus relatos, pero algunas veces “la fantasía en esta vida es tanto o mas necesaria que la realidad”.
Trabajando volví por esa ruta unos años después: me tocó acompañar un grupo de turistas que era la primera vez que viajaban por esa parte del país. Tomamos la RN 9 por el caminito ascendente que nos llevaba hacia Humahuaca. Al pasar Volcán, las montañas dejan su verde y se tiñen de ocres, marrones y otros colores. Me volví a maravillar de la misma manera, a pesar de que ya conocía ese camino. ¡Que lindas que son esas montañas!

Foto: Yamil Ch.

Foto: Yamil Ch.


¿QUÉ ES VEO, VEO?
Es un juego que jugamos muchas veces cuando éramos chiquitos. Y ahora queremos seguir jugandolo. Es una excusa para conocer lugares de la mano de otros viajeros, contarnos historias, viajar aunque no tengamos  la oportunidad de hacerlo, conocer otros viajeros que andan dando vueltas por el mundo.
Si quieres  participar del desafío puedes enterarte un poco mas aquí.

 Y acá les  dejo los enlaces a los otros veo veo de este mes: 

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22 pensamientos en “Veo veo – Montañas

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  2. Que belleza impresionante! No conozco esos lugares pero entre las fotos y los relatos me dan muchas ganas!
    Las historias ue nos cuentan nuestros padres son un tesoro 🙂

    • ¡Gracias Ana! es muy bonito el noroeste de Argentina, bueno a mi particularmente es uno de los lugares que me fascina, siempre que fui lo disfruté mucho, ojalá algún día tengas la oportunidad de caminar esos paisajes. ¡¡Abrazo!!

  3. ¡Qué preciosa historia! Yo crecí en pueblos de montaña y creo que siempre la perspectiva es diferente (por ejemplo, ¡yo me ilusiono mucho cuando llego al mar!)

    Gracias por jugar con nosotros Patricia 🙂

  4. ¡Gracias Magalí! Me alegro que te haya gustado, besos

  5. ¡Qué lindos sentimientos retornaste en mi! 🙂 Yo por mi parte creía que la única montaña que tenía muchos colores era la de Purmamarca, así que mi asombro fue mayor cuando allí me encontré rodeada de colores en toooodas las montañas de la quebrada!!! 🙂 Y que genio tu viejo che, me dieron ganas de ser niña y escuchar uno de sus relatos!!!!

    • jaja si es cierto, muchos colores viste!? Increíble, cada vez que miro las fotos de esos viajes me maravillo… mi viejo sigue contando historias, cada tanto sale con alguna nueva, o te cuenta un detalle de cómo fue algo que antes nunca te habia dicho, es genial.¡¡Me alegro que te haya gustado!! besos

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  9. Hola Patricia! No conozco mucho del nuestro Norte pero me dieron muchas ganas de ir con tu post!
    Saludos!

    • Hola Nair ¡qué bueno que te haya generado ganas de viajar! Aguardo tus comentarios cuando tengas la oportunidad de hacerlo, besos!!!

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  12. Que hermoso es el norte argentino!! Sin duda uno de mis grandes pendientes!!!
    Que lindo eso de descubrir (y vivir) las historias que tanto escuchaste!! =)

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