E de Equipaje Extraviado

Nunca soy de las personas que programan minuciosamente cada detalle de su viaje. Simplemente tomo el micro, vuelo, tren o el medio de transporte que esté a mi alcance para llegar a mi destino y allá veo el resto. Sí hago unas previas indagaciones de posibles lugares dónde dormir, qué visitar, comidas, etc. Pero debo confesar que me seduce la idea de arribar y no saber dónde dormiré esa primera noche, cuantos días me quedaré en esa ciudad, cuál será el próximo pueblo a conocer…  En ese momento me encanta dejar fluir las cosas, tengo la convicción de que todo saldrá bien; y si algo llegase a fallar, me reconforto pensando que una vez pasado el imprevisto tendré una historia que contar.

Trabajé un tiempo en una agencia de viajes y recuerdo dar tips para que los futuros turistas tengan en cuenta ante algún imprevisto o algo que no salga tal cual lo han planificado. Sin embargo, mientras escribo estas líneas, no dejo de pensar que las cosas son como cada quien se las toma. Afortunadamente no podemos saber cómo será cada momento, y si bien muchos de quienes se acercaban a la agencia pretendían planificar y preveer acciones de ante mano para garantizar su estadía feliz en destino, hay que estar preparado a que algo puede darse de otra forma y que eso no opaque lo demás.   

Gracias a ese trabajo en la agencia, el año pasado me surgió la posibilidad de hacer mi primer viaje al otro lado del océano y conocer un poquito de Europa. El vuelo de Alitalia numero 0681 aterrizó en Václav Havel, el aeropuerto de Praga, unos minutos antes de las 15.00hs. Descendí del avión y caminé siguiendo a la masa de gente que había llegado conmigo en ese vuelo. Llegué a la sala para retirar los equipajes, sobre las dos bandas de entrega que giraban constantemente deambulaban algunas maletas.  Y yo intuí que no estaba mi mochila. Sí, eso sentí. Sin frenar fui directo a hacer la cola para el reclamo. Pero no, pensé que estaba siendo algo apresurada por lo que decidí darle una chance, volví a la zona de las bandas de equipajes y esperé. Unos  minutos después me di cuenta que había estado en lo cierto. Había arribado a Praga sí, y mi equipaje había sido extraviado, también si.

Como el viaje tenía algo de laboral, fuera del Aeropuerto me estaba esperando una persona del servicio receptivo para llevarme hasta el hotel donde me alojaría en mi breve estadía de tres noches en Praga. La primer reunión la tuvimos esa misma tarde en el hall del hotel Clarion Congress Hotel Prague, éramos agentes de viaje de diferentes países de Latinoamérica que habíamos sido invitados a conocer esta parte de Europa. Ahí me calme, porque me dí cuenta de que no era la única que no había recibido su equipaje. Supongo que debido a que para arribar a la ciudad necesariamente los vuelos hacen escalas previas, es algo que ocurre habitualmente. Pero a la noche, después de la cena, a todos les había llegado su maleta menos a mí.

El viaje casi me había caído de imprevisto, pero lo bueno fue que pude negociar en el trabajo quedarme unos días más para recorrer un poco por mi cuenta una vez que circuito al que me invitaban finalizara. Asique había llegado con la plata justa. Y ese segundo día, en la recepción del hotel cuando me dijeron que no tenían ni noticias de mi equipaje no pude evitar empezar a pensar qué haría, en la plata que iba a tener que gastar en caso de que mi mochila no apareciera… ¿pero qué podía inventar? Agoté las vías de lo que corresponde hacer en estos casos: había hecho el reclamo de perdida antes de dejar el aeropuerto, me había contactado con la gente de mi seguro de viajes para dar cuenta del episodio y que me den una mano con el rastreo del equipaje, había avisado a la gente de la recepción del hotel por cualquier cosa. Y no me quedaba más alternativa que esperar. Además estaba en Praga, una ciudad que siempre había querido conocer, por lo que salí a vivirla, a perderme en sus callecitas, a caminar por sus puentes. Recuerdo desear y pensar que todo iba a salir bien, como siempre. Y me alegré por el apoyo que recibí de algunas personas del grupo con el que viajaba: mi compañera de habitación me prestó algo de ropa;, una pareja de colombianos que había arribado unos días antes a que llegue todo el grupo a Praga, me recomendó que me contracte con Bárbara, una de las chicas de recepción del hotel, la única que hablaba algo de español. Y no solo eso, sino que Juan se ofreció a hablar él mismo por teléfono con la gente de la oficina de reclamos del aeropuerto de Praga, dado que mi inglés es bastante básico, y sumado al acento checo y mis nervios, la comunicación que yo podía entablar podía llegar a ser caótica y frustrante.

Foto: Patricia Fuentes

Foto: Patricia Fuentes

Recuerdo el viaje de regreso en el metro desde el centro hacia el hotel. Íbamos dejando estaciones atrás, y yo esperaba tener buenas noticias al arribar al hotel… Esa era la última noche que pasábamos en la ciudad. Pasamos por la recepción, pero no tenían novedades. Bárbara no estaba en ese horario. Sin embargo, las sorpresa llegó cuando entramos a la habitación: Bárbara me había dejado un mensaje dándome las buenas nuevas, el equipaje había sido localizado, llegaría al aeropuerto de la ciudad por la tarde y ella se encargaría de gestionar que me lo alcancen al hotel esa misma noche, debido a que yo me marchaba temprano al día siguiente… Y así fue, alrededor de las once de la noche, tocaron el timbre de nuestra habitación. Al abrir la puerta me encontré con un chico alto, un cadete del hotel que me hizo entrega de mi tan preciada mochila!!!!

Por eso decía al comienzo, que las cosas dependen de cómo uno se las tome. Los imprevistos y situaciones inesperados pueden sucederse en cualquier momento. No se pueden pronosticar con acierto. Hay que ser flexible a estas posibilidades. Yo soy positiva por demás, es un buen mecanismo de hacerle frente a estos momentos que te desencajan. No puedo evitar pensar que todo va a ir bien. En definitiva, no deseo que nadie tenga que padecer el extravío de su equipaje, pero recordando lo vivido y el desenlace feliz que tuvo mi experiencia, no me queda más que decir, ahora que pasó el tiempo y lo recuerdo, puedo contar en primera persona lo que es pasar por este mal momento. En mi caso, es una buena historia para compartir.

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